MIRANDE 2007
Por David Benaiges
|
|
Después
de volver de Mirande, aún con el cansancio encima, he decidido escribir lo
que ha sido para mi el festival de este año, pues ha sido tanto lo que he
disfrutado, que creo que si lo escribo seré capaz de recordarlo mejor y
durante más tiempo. Como cada
año el grupo del Crazy Boots capitaneado por Joan se dirigía hacia tierras
lejanas y forasteras para disfrutar un año más de uno de los mejores
festivales de Country, el Festival de Mirande. Este año, el grupo de gente
que salía conjuntamente desde el local de Constantí era un tanto menor,
debido a que alguna gente había salido antes y a que otra salía días más
tarde. El viaje fue pesado, pues tantas horas en coche son un buen tostón
para cualquiera, pero al fin llegamos al destino: el camping d’Ile du Pont.
Estaba tal como recordaba del año pasado, incluso algunas de las arañas del
baño me resultaban familiares. Una vez llegados nos unimos a los que ya
estaban acampados en nuestras parcelas. Una vez montados todos los bártulos,
tras las discusiones inevitables sobre el montaje y desmontaje de tiendas y
un breve receso todos empezamos a sentir ya como todo se ponía en marcha. Una
visita al pueblo para comprar el pan me hizo recordar el cambio que pegaban
las calles cuando el festival empezaba. Es increíble ver el pueblo antes,
durante y después del festival. En cuanto a antes pues… que queréis que os
diga… es un pueblecillo francés. De esos en los que a partir de las 6 de la
tarde no se ve ni una alma en la calle y no se oye
ni un mosquito y en el que la gente se mueve tranquilamente con sus
quehaceres. Ahora bien, cuando el miércoles empieza todo, la metamorfosis
parece realizada por un ser todopoderoso. Las calles se convierten en
auténticos mercadillos, la plaza es un bullicio incesante y el festival… el
festival es como un mundo aparte: para llegar pasas por montones de tiendas
de toda índole y cuando llegas te encuentras de todo; desde un sitio donde
depilaban a la gente, pasando por todas las tiendas de artículos country
imaginables hasta dos de las mejores pistas en las que he tenido el placer de
bailar. Todo el mundo tiene su sitio ahí: unos van de tiendas sin cesar,
otros no paran de mover el cuerpo en la pista con bailes conocidos y también
nuevos y otros sencillamente dan vueltas dejándose llevar por el ambiente del
festival y escuchando música en los fantásticos conciertos o visitando los
shows de coches y motos. Como
bailarín no puedo dejar de comentar lo que fue para mi todo lo relacionado
con la competición y el baile en general... gajes del oficio, jeje. Este año
había una novedad para mí: la pista principal sería la grande por doble
motivo al celebrarse ahí la competición y el baile de las noches. La
competición… una competición francesa. Sorprendidos todos estábamos de la
poca afluencia de participantes, que no de público (una pista enorme
abarrotada de espectadores no se ve todos los días). Los resultados, muy
buenos. A destacar, el primer puesto obtenido en baile individual (con
contrincantes) de Maribel Figueres, los 2º y 3º puesto obtenidos por los
“Pedro’s” (Pradillo y Ramírez respectivamente), la victoria de nuestra buena
amiga francesa Sandra Baraffe tanto en individual como en parejas, la buena actuación
en parejas de Esther Ramírez y un servidor consiguiendo ganar a 7 parejas
francesas y el gran debut del reformado equipo del Crazy Boots con una muy
buena acogida. Hay que reconocer que los franceses tienen un gran respeto a
los bailarines españoles y eso se nota en la pista y durante el festival. La
verdad es que cuando uno mira atrás y ve la actuación de los suyos siempre
reflexiona y mi punto de vista en esta ocasión, es que nuestra preparación
era la misma que para otra competición, ofreciendo el máximo de nosotros
mismos. Sin que
suene a vanidoso, también me gustaría hablar de mi actuación en la
competición, puesto que ocurrieron cosas un tanto curiosas, que creo dignas
de ser conocidas por los compañeros del Line de nuestra tierra. Cuando me
inscribí para bailar en Avancé, ya sabía que no seríamos muchos competidores.
Particularmente, cuando entrenaba los bailes pensaba (literalmente, claro):
¡¿Quién va a aprenderse estos bailes para un concurso social, cuando podrían
ser perfectamente de la categoría Advanced pero de la WCDF…?! Un vals vienés
(significa que es el doble de rápido de lo habitual), y 3 bailes difíciles
más… lo encontré muy difícil para un país con baile únicamente social. Cuando
llegué allí me encontré que realmente estaba sólo ante el peligro, cosa que
lejos de agradarme me puso un poco triste. Al igual que el año pasado decidí
ofrecer un show saltándome un poco las normas y provocando al público
directamente. Pero… ¡sorpresa! Al salir a pista me encuentro con dos
competidores. Pero no eran dos competidores normales… estaban muy raros, no
sé como explicarlo, bueno ahora lo entenderéis. Salimos a pista y nos ponen
en posición para empezar. Ponen a un francés delante de los jueces en el
medio y a mí y al otro francés a los laterales detrás. La música empieza (el
primer baile era el vals ese tan rápido que conté antes) y empiezo a bailar…
pero… ¡como puede ser! Yo he acabado ya la primera pared del baile y al
girarme veo a los otros dos todavía en el sitio… Uno no sabe muy bien que
hacer en estas situaciones: si reír o llorar, si bailar o parar, no sé, en
ese momento pensé que lo mejor era continuar y así lo hice, a pesar de que no
podía evitar pensar qué estaría pasando por las cabezas de los jueces, de los
organizadores, del público, y de mis apreciados contrincantes inmóviles… El
silencio era abrumador, sólo se oía la música del concierto detrás del
público y algún murmullo que otro. La música bajó inmediatamente. El speaker
dio un discursillo en francés que me sonó a chino como era habitual y me
cogió del brazo, situándome delante de los otros dos franceses, ocupando la
posición central delantera. La música volvió a sonar. La posición era
diferente pero el resultado fue el mismo: una pared y fuera música. Otro
silencio, más comentarios, dirigí la mirada a los míos que me miraban sin
saber muy bien como actuar ni que decir… Solución salomónica de la
organización: competición separada para español y franceses en Avancé y
eliminación de los franceses para el día siguiente. Digo salomónica porque la
situación en general me pareció bastante triste para el baile en Francia,
cosa que transmití a mis amigos y a un juez con el que pude hablar
posteriormente. Más tarde pudimos saber que los bailarines de Avancé que no
se movían, no lo hacían porque sencillamente no podían. Estaban ahí porque la
federación francesa les obligaba a bailar en Avancé ya que hacía 7 años que
competían… Bueno, en España ya tendríamos unos cuantos Megastars siguiendo
esa política… he aquí un mal ejemplo de forzar el nivel del baile en lugar de
dejarlo fluir por el solo. Cuando finalmente pude bailar solo sin
remordimientos tuve la pequeña duda de cómo me acogería el público francés
tras el escalabro… pero nada; 1 segundo y todos estaban ya entregados conmigo
en la pista. Sabía que Mirande sería la última competición (por lo menos,
temporalmente), pero nunca hubiera podido imaginar que la gente llegara a
disfrutar tanto con mi baile como yo con sus reacciones. Mejor pista que ésta
no la he pisado. Otro de
los momentos clave para la mayoría de los Crazybootienses eran las noches de
baile en la pista. Bailes conocidos o bailes nuevos aprendidos sobre la
marcha, bailes elegantes o “cursis”, de parejas o individuales o líneas
enfrontadas o círculo, daba igual. El grupillo que llegamos a formar en
nuestro rinconcito de la pista (el mismo del año pasado) era tal y tan
compenetrado que las miradas, guiños y juegos se sucedían sin parar. Nunca
podía haber imaginado que bailar en esa pista con esa complicidad con los
compañeros y amigos pudiera ser tan gratificante. Espero que hayáis sentido o
lo hagáis en el futuro este escalofrío al tener esta sensación. Por mi
parte, nada más. Sólo quiero comentar que esta es mi visión del Festival, un
Festival tan grande, que podremos encontrar versiones para cada uno de los
que estuvieron allí, que no fueron pocos, y todas serán diferentes. |